Sede de Osakidetza: Lo que el ojo no ve

Texto: Jonathan Chanca

Fotografías: Rocío Merchante

El destino, que es caprichoso, quiso que el pasado jueves 2 de octubre, tres compañeros que viajamos a Bilbao para apurar una de las últimas fechas de la exposición de Juan Muñoz en el Guggenheim, coincidiéramos con una jornada de puertas abiertas al nuevo Dpto. de Sanidad del Gobierno Vasco (Coll-Barreu Arquitectos). Sin saber que la víspera había tenido lugar la inauguración oficial, ni mucho menos que ese día era posible visitarlo por dentro, nos acercamos hasta allí para apreciar in situ los destellos del muro cortina desquebrajado.

No nos extrañe que dentro de unas semanas, a este edificio le pongan cuatro cámaras de vigilancia y prohiban sacarle fotos alegando que está protegido. Por esto mismo, sin mucha fé nos acercamos al hombre de seguridad de la puerta y preguntamos tímidamente si se podía pasar. Para nuestra sorpresa la respuesta fue afirmativa, y una vez dentro comprobamos que aquello estaba concurrido por varias decenas de personas mayores [y eso que este no es un ambulatorio. Se conoce que los jubilados están mejor informados que los estudiantes de arquitectura]. Nos añadimos al grupo y comenzamos el recorrido

Primera parada el sótano –1. Bajamos por una escalera metálica de color blanco inmaculado y entramos en el salón de actos a través de un gran portón pivotante. El guía nos destaca la excepcional acústica que se consigue, gracias al revestimiento con malla metálica perforada de las paredes, decoradas con fotos que explican la evolución del proceso constructivo. El techo del mismo material que las paredes, reproduce obsesivamente la misma geometría poligonal del exterior. En el suelo brillante aún pueden apreciarse las manchas del aperitivo celebrado 24 horas antes. Precisamente la calidad del tipo de pavimento escogido para esta planta, es la primera objeción a la obra que hace como futuro usuario del edificio, quien nos conduce por las dependencias. “Como tantas veces ocurre, parece que los proyectistas se han preocupado más por las cuestiones del diseño que por las verdaderas necesidades y el mantenimiento del día a día”, nos dice tranquilamente.

Segunda estación la planta 2ª, valga la redundancia. Nos comentan que es igual que los 5 pisos administrativos restantes, con un esquema lógico de zona diáfana volcada al exterior y cubículos más acotados al interior. A pesar de la apertura oficial, ésta es la única superficie que está totalmente acabada y amueblada [suele pasar]. Desde este nivel directamente hasta la azotea, unos en ascensor y otros como en nuestro caso, haciendo piernas. La verdad es que merecía la pena el esfuerzo de subir andando, aunque solo fuera por descubrir el núcleo de escaleras, que resultó ser un fogonazo de color verde intenso, bastante original para tratarse de una vía de evacuación a menudo marginal compositivamente. Además, con esa tendencia natural que todos tenemos de probar a abrir cualquier puerta cuando nos hallamos en un recinto desconocido, encontramos casi sin quererlo un patinillo gigante de unos 3×3 metros de sección, plagado de montantes y canalizaciones complicadas de descifrar.

En la planta de cubierta la lluvia nos da un respiro, que aprovechamos para disfrutar de las vistas por encima de los tejados y para curiosear la maquinaria de instalaciones. Desde aquí también se puede apreciar el remate de la piel envolvente con el torreón del chaflán de la manzana, que a nuestro parecer es uno de los detalles más flojos. Ésta atalaya de la esquina, que ocupa la posición de mayor privilegio de todo el conjunto, es en realidad un espacio a doble altura inundado de luz, que alberga la sala noble de reuniones, presidida por una mesa espectacular.

Atención a la que nos cuentan que es la principal queja de los ciudadanos que les ha tocado compartir este rincón del ensanche con su singular vecino. Resulta que protestan porque se sienten invadidos al asomarse a sus ventanas y verse reflejados por los vidrios especulares que tienen en frente. Es cierto, tienen razón. En el peor de los casos alguno incluso saldrá a su balcón y verá su figura multiplicada hasta en 3 o 4 ocasiones… ¿y qué?; a lo mejor es buen momento para que hagan examen de conciencia. Cuando en San Sebastían se estrenó hace un par de años la Cámara de Comercio de la Av. Tolosa, el problema para quienes vivían a su alrededor era tener que ver a los empleados trabajando a través de los cristales totalmente transparentes. En fin, que nunca llueve a gusto de todos. [Era un inciso]

De nuevo descendiendo hacia el punto de partida, con la condición de no sacar fotos hacemos excepcionalmente (porque no estaba previsto) un alto en la planta séptima que es, o mejor dicho será, el área más restringida donde se da cabida a los despachos más importantes, es decir, las oficinas de los jefazos. Destaca el “txoko” privado del consejero, totalmente forrado de madera y con con 4 puertas de acceso, lo cual no debe de hacerle mucha gracia. El toque ortera lo pone un croquis original del proyecto tallado en la pared, a un metro escaso de la mesa para tenerlo bien presente [Una pena que no haya testimonio gráfico de esto, porque no tiene desperdicio].

De vuelta al hall de entrada en planta baja, el guía nos muestra orgulloso justo antes de despedirse, una pequeña modificación realizada en contra de la voluntad del arquitecto, con un cierre acristalado frente al embarque de los ascensores, donde se había considerado que bastaba con una simple barandilla, para delimitar un espacio de trabajo en ese lugar. Al final, los dos elementos (vidrio + barandilla) superpuestos, resultan visualmente difíciles de digerir. Ya sabemos lo que pasa con estos apaños improvisados.

Se ha acabado el paseo y es hora de sacar conclusiones. En definitiva, la impresión general es que es demasiado atrevido por parte del diario The Guardian, titular que “al Guggenheim le ha salido un rival” en referencia a éste inmueble. ¡Otra perla del sensacionalismo británico!. No creo que esa fuera la intención de los autores, porque sería ingenuo pensar que va a haber algo en la capital vizcaína, que acapare más la atención que el deslumbrante titanio.

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5 pensamientos en “Sede de Osakidetza: Lo que el ojo no ve

  1. parece que se va a disfrutar más el edificio por fuera que por dentro, va a aportar más a la ciudad con su juego en la fachada que al interior…..viendo el lado positivo.

    por lo demás, viendo las fotos, parece que el resultado final es un poco flojo, la relación-transición interior exterior….no sé.
    la fachada es curiosa y juguetona, sí, pero a qué estamos jugando?

  2. repasando ahora las fotos me quedo con la misma sensación de que, por un lado, el jueguito de la fachada tiene alguna gracia (sobre todo los balconcillos), que ya es más de lo que pensaba antes de verlo, pero que por lo demás, aparte de un par de cosas guays, como alguna de las cosas del interior, no deja de ser un edificio exagerado al exterior (qué feo es visto en diagonal) y sosillo al interior. sobre todo la planta de oficinas que, además de tener un fondo que hace que haya puestos que estén lejísimos de la fachada, van y le ponen la pegatina asquerosa para que no se vea nada del exterior.
    no parece un edificio que tenga mayor interés, a pesar del boom esperable que le han querido dar (y mira que el guardian normalmente es un periodico serio).

  3. ..añadiría una opinión más: me parece que el edificio da un poco la espalda a la ciudad, a la ciudadanía. La fachada, a pesar de ser acristalada, con su efecto espejo no deja de ser un “muro ciego” de cara a la calle ¿Qué pasa ahí dentro? no se ve, no se sabe. Los edificios, y más los equipamientos públicos (aunque en este caso sean oficinas sin acceso al público, no deja de ser un edificio público) deben mostrar continuidad e información a la ciudad, entablar una comunicación con ellos. Ni siquiera se plantea un espacio de resguardo, es una gran esquina a evitar si llueve.

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